Y por fin llegó el Thanksgiving…

/ / NUEVA YORK

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…y no comí pavo. Es lo que más siento, porque estaba emocionada por ser testigo de cómo se manejaría el anfitrión para despedazar un ave que puede alcanzar más de 15 libras (7 kilos aproximadamente).

La escena de ponerse en pie ante esa pieza gigantesca como protagonista de una mesa abarrotada de comida no se produjo. No le hicieron, en esta casa, honor al ave oficial que propuso Ben Franklin. La deliciosa carne que comimos ya estaba cortada y no era de ninguno de los 46 millones de pavos que se comen en EEUU esa noche.

El resto de la cena sí fue puramente tradicional. Para acompañar al pavo ausente sí se sirvió puré de patatas -puede ser  también de batatas o boniatos-  salsa de arándanos,  el gravy, que es una salsa de carnes y verduras,  cebolla roja asada, ensalada y, de postre, pastel de calabaza, aunque también suele ser de manzana.

Yo aporté el vino, ya que no me arriesgué a llevar el postre. O lo hago personalmente o no compro una tarta de caja. Pertenezco al 20% de población que en EEUU no tomó pavo por Thanksgiving; y me siento muy agradecida por el hecho de que esta familia me sentara en su mesa, porque así tuve la oportunidad de darme cuenta de que es un día en el que entre todos los invitados se viven las mismas situaciones que en la Nochebuena en España. ¡Qué lastima, no haber visto en persona cómo se cortaba el pavo con el cuchillo eléctrico…! ¡Es tan americano!

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