Tiempos difíciles

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Se prolonga el estado de alarma en España para hacer frente a la crisis del coronavirus. Hoy voy más allá de una crítica al Ejecutivo, que por cierto parece que hay que recordar que es legítima siempre, no sea que se ponga en duda el derecho a disentir.

Pero más allá de la acción concreta del Gobierno, insisto, quiero compartir con usted algunas consideraciones surgidas en torno a las consecuencias inmediatas, cotidianas y legales, del estado de alarma decretado. Nace en mí ese interés periodístico al hilo de la discusión de si las cosas se están llevando más allá de lo permitido por nuestro ordenamiento jurídico. Ante esta situación, me he puesto en contacto con catedráticos de Derecho Constitucional, deseosa de conocer su punto de vista experto. ¿Se está gestionando bien la excepcionalidad?

Después de escuchar y reflexionar, me parece claro que el estado de derecho se encuentra en cuarentena. La gravedad del contexto no sólo se percibe en las disposiciones especiales, en esos estados de alarma que se prorrogan cada quince días, sino en otras facetas que tienen todavía más calado: el apagón parlamentario o del propio mundo judicial.

Alguna opinión docta me reconoce que se está sobrepasando en algún punto lo dispuesto en el estado de alarma, pero que el de excepción no acaba de encajar en lo que está ocurriendo. Deduzco por sus palabras que lo que desea este catedrático en concreto es que el contenido del estado de alarma se hubiera aprobado por ley, con todas las garantías y la legitimidad que otorgan el Congreso y el Senado.

Lo más grave, me temo, es el descontrol del resto de medidas, la falta de freno a la que asistimos en el terreno político y judicial, y el desequilibrio entre los distintos poderes del Estado. Aquí se están tomando decisiones que afectan no ya a la convivencia, que también, sino al modelo de país. Y eso no tiene nada que ver con el coronavirus. Y va a tener una huella indudable a medio y largo plazo.

Vivimos tiempos difíciles. Nos vamos adentrando en lo que se ha llegado a conocer como “nueva normalidad”. Malo cuando hay que adjetivar a la normalidad. Estamos a prueba: como personas, como sociedad, como país… Supongo que pronto se hará evidente que para salir adelante necesitaremos un gran acuerdo, respeto a las normas y, desde luego, que esas normas sean respetables y respetuosas con nuestro ordenamiento jurídico. Ánimo, España.

Leer el artículo de Mariló Montero en El Diario de Sevilla.

Las columnas de Mariló Montero se publican en todas las cabeceras del Grupo JOLY:
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