Premoniciones

Me llegan por las redes sociales, supongo que como a usted, centenares de mensajes, unos divertidos, otros son noticias falsas que no hacen más que incrementar la ansiedad del ciudadano confinado y los últimos son aquellos que evidencian una supuesta premonición de lo que está ocurriendo.

El propio fin de semana recibí un vídeo de Bill Gates durante una conferencia TED donde había expuesto, en el año 2015, el peligro que corría la humanidad a causa de una pandemia. Hace, pues, cinco años que el cofundador de Microsoft ya avisó de que “no habría misiles sino microbios”. Y dijo: “puede que exista un virus con el que las personas se sientan lo suficientemente bien mientras están infectadas para subirse a un avión o ir al supermercado y eso haría que se extienda por todo el mundo de manera muy rápida”.

Como él, yo ahora recuerdo las palabras que mi padre nos decía a mis hermanos y a mí cuando nos educaba para saber valorar lo que teníamos -y era bien poco- y cómo lo debíamos apreciar. Hoy escucho en mi mente el eco de esa voz: “¡la guerra tenías que pasar!”. Nos hacía comer pan duro cada día aún comprándolo fresco a diario. No entendíamos por qué debíamos pasar por esa experiencia, que nosotros veíamos innecesaria. Hoy, yo estoy comiendo pan duro muchos días porque bajo a la compra lo mínimo. Gates decía que “cuando era chico el desastre más temido era vivir una guerra nuclear.

Hoy la mayor catástrofe mundial es una pandemia. Si algo va a matar a más de diez millones de personas en las próximas décadas será un virus muy infeccioso, mucho más que una guerra”. Gates nos estaba provocando una reflexión sobre las conciencias de las personas que están a la cabeza del poder mundial exigiendo que se incrementara, de manera inmediata, millones dedicados a la inversión científica que fuera capaz de desarrollar medicamentos y vacunas que pudieran ponerse en uso en cuanto se detectase el primer brote infeccioso.

Tras el Ébola, que Gates puso como ejemplo, pudimos haber estudiado su contagio y expansión para haber podido, ahora, detener algo que parece que nos quieren hacer creer que viene de la época de realismo imaginario. Esto no es un castigo de los dioses, es producto de la ineptitud de quienes gobiernan el mundo.

Está pasando lo que mi padre, también, vaticinó. Lo más grave que aún cabe es que volverá a suceder y temo que no hayamos aprendido a solucionarlo por estar, nuestro sistema vital, dirigido por personas ineptas, incapaces de asegurar que vivamos en libertad y con seguridad.

Leer el artículo de Mariló Montero en El Diario de Sevilla.

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