No dejar de hacerse preguntas

/ / NUEVA YORK

Mira por dónde viene Albert Einstein a recordarme que seguiré cuestionándome siempre todo. Es una de las maneras de que tu conocimiento crezca y tu mochila se llene de historias. El famoso físico, descubridor de la relatividad, es al primero a quien te encuentras una vez que cruzas la puerta giratoria que te conduce al control de seguridad donde muestras a los agentes qué cosas llevas en el bolso. Estamos en la Biblioteca Pública de New York.

Me resisto a caer en la tentación fácil e inmediata de comprar el muñequito de Einstein señalando con su dedo un cartel que dice que hay que hacerse preguntas. Prefiero en cambio, y así lo recomiendo, entrar y admirar la belleza de los miles de libros que allí hay. Yo me quedaría a vivir dentro, en un dormitorio, para seguir leyendo otro libro más. Hay quien se quita hasta los zapatos en la biblioteca como muestra de la confortabilidad que se puede llegar a alcanzar. Los frescos pintados en el techo, las fabulosas estanterías de madera, el sistema de entrega y recogida, la luz, la grandiosidad de la cultura que está al alcance de tu mano, gratuitamente: adquirirla o no sólo depende de una misma.

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