Las hormigas

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Berta Cáceres cierra distraída la insignificante valla que rodea el cubículo donde vive. Su colaborador Gustavo Castro, sociólogo y ecologista mexicano, le alerta: “Berta, ésta casa no es segura”. Ella, obvia así las más de 30 amenazas de muerte que ha recibido estos días. Cierra la puerta, y también sus temores, acostumbrada a ser objeto de deseo de muerte de muchos, por años. Berta y Gustavo se van cada uno a su cuarto. Él esta conectándose a internet cuando el estruendo que lo altera le hace pensar en la caída de un armario. En cambio ve a dos hombres disparándole a bocajarro. Él sobrevive. Acude al auxilio de Berta, quien se muere entre sus brazos por los tres disparos que los sicarios le metieron en sus tripas. Acaban de asesinar a una mujer a quien le fue otorgado el Premio Nobel Verde, el Goldman, que recompensa a los defensores de la naturaleza y el medio ambiente. Era madre de cuatro hijos. El asesinato de Berta Cáceres sucedió el 2 de marzo de 2016 en su casa de La Esperanza, Tegucigalpa. Crimen condenado por EEUU, la ONU, el Vaticano y una masa de indignación mundial que exigían hallar a los asesinos. Aún se desconoce quién ordenó matarla. Berta defendía sus tierras, preservaba los derechos humanos de los pueblos indígenas, batallaba contra las megaindustrias que utilizan sus terrenos para levantar proyectos devastadores para el medio ambiente con explotaciones petrolíferas, hidroeléctricas, mineras, agropecuarias y la tala. Era líder del grupo de derechos indígenas del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH) por lo que quienes la lloran fortalecen su espíritu cuando dicen que Berta no luchó solo por un río. Lideró manifestaciones en contra de que se construyera el proyecto hidroeléctrico en Agua Zarca porque este atentaba contra los recursos naturales del Río Blanco. El proyecto ponía en grave riesgo el acceso de la comunidad a un río sagrado. Murió, aseguran, por algo de lo que todos somos responsables: por la biodiversidad del planeta. Berta es todo un símbolo. Fue protagonista de una exposición ofrecida el día Internacional de la mujer organizada por la organización Intibucana de mujeres ‘Las Hormigas’ asociada al programa Conjunto de la Ruta Lenca del Fondo ODS. En la exposición “Lo que las mujeres hacemos por la vida” Berta Cáceres presidía el espíritu del rol que las anima para defender sus derechos territoriales y mejorar, con ello todos los parámetros de sus vidas. Trabajan junto a sus niños derrumbando muros de desigualdad en aumento del empoderamiento, no solo femenino, sino nacional. Con ello fomentan una sociedad saludable con una economía sólida. Decía Berta Cáceres: “Que no sean otros los que decidan por nosotros”. Dicen que Berta no murió, se multiplicó.

Leer el artículo de Mariló Montero en El Diario de Sevilla.

Las columnas de Mariló Montero se publican en todas las cabeceras del Grupo JOLY:
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