La resurrección de Neyong

Neyong fue una niña de siete años que falleció debido a una rara enfermedad. Estaba vestida con la dulce belleza del rostro de una criatura de piel blanca, ojos rasgados y melena de color castaño que descansaba sobre sus hombros. La muerte prematura me hace pensar en la pavorosa tragedia que debieron sufrir sus padres, sus primos y el resto de su familia. Puedo imaginar el inmenso dolor que padecieron todos por su fallecimiento. La historia por la que pasa una familia feliz hasta que los médicos les tienen que dar la terrible noticia de que su pequeña va a morir. Serían meses de hospitales y de un proceso emocional devastador hasta el día que tuvieron que enterrarla. La muerte de un hijo sabemos que es una de las peores experiencias a las que el ser humano debe enfrentarse. Pero Neyong resucitó. Un año después de su deceso su madre pudo volver a verla, hablar con ella, escucharle, celebrar su nuevo cumpleaños y jugar en el parque en el que la niña parece que vivía, en esa especie de cielo que nos queremos imaginar cuando los nuestro se van. Al final de la jornada que compartieron la niña le entregó una carta a su madre pidiéndole que nunca volviese a llorar. Los muertos no lloran. La resurrección de Neyong fue posible por los avances que los expertos llevan a cabo a través de la realidad virtual. Durante meses trabajaron en la reproducción virtual de Neyong tomando como base documental los vídeos familiares, las fotografías y realizaron una reproducción lo más fiel posible de sus gestos, su comportamiento y de su voz. Una vez recreada la vida de Neyong la madre aceptó colocarse unas gafas virtuales, vestirse sus manos con unos guantes sensitivos con los que podía ver a su hija otra vez viva y acariciarla. La réplica en 3D de Neyong es impresionante. Esta historia corresponde a la realidad, no virtual, de un documental coreano Meeting you, que ha generado una gran controversia social, a nivel mundial. Unos opinan que, una vez superado el duelo real tras la pérdida de un hijo, no ven necesario volver a recrear esa crueldad emocional. Otros, piensan que es una oportunidad de despedirte para ayudar a recolocar las emociones más dolorosas en otro lugar donde vivir con mayor paz. Desconozco si esta experiencia se puede repetir cada vez que se pague esta reunión para poder acceder a una hija fallecida todos los sábados por la tarde, o es un experimento sin mayor recorrido, cosa que dudo por su interés empresarial. La humanidad siempre se ve sometida a importantes dudas.

Leer el artículo de Mariló Montero en El Diario de Sevilla.

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