La bufanda de Gabriel

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La bufanda de Gabriel que Patricia le dio a Juan Ignacio Zoido debe ser una de las cargas más dolorosas con las que debe convivir el ministro. Zoido, supongo, no se esperaría que en sus manos recayera la prenda que ha abrazado la madre del niño desde el día de su desaparición. Patricia la llevaba como si los brazos de su hijo pudiesen ceñirse a su cuerpo. Aún mantenía el aroma de su pequeño tan cerca como un beso. Con ella, Patricia ha hecho brillar su pena inundada de amor mientras estaba inmersa en el mayor horror que puede vivir una madre o un padre, que es la pérdida de un hijo. No hay calificación en el diccionario para definir a los padres que pierden a sus hijos ni corazón que lo supere, aunque, como dice el propio J. Ignacio Zoido por su propia experiencia, el tiempo va dulcificando el dolor. En otra ocasión escuché al ministro mientras consolaba a otros padres a quienes les habían matado a su hijo que no era lo mismo que se muera tu hijo en un accidente a que sea asesinado. Sus palabras demuestran una altura de espíritu y generoso consuelo. No hay cartera para Zoido que más le haga rememorar su propia pena. El ministro salió del funeral visiblemente emocionado y con la bufanda azul en su mano izquierda tras recibirla de una madre que se la entregó en agradecimiento por el buen trabajo de la Policía y la Guardia Civil. Cada asesinato, como el de Diana Quer, el de la pequeña Mari luz Cortés o Marta del Castillo, ha sido una endemoniada escuela para mejorar las investigaciones que den con el paradero del desaparecido y del criminal. En este caso, la estrategia ha avanzado tanto que los investigadores involucraron a los padres en el caso, les exhortaron para que lanzasen mensajes que hicieran flaquear a la bruja. Es admirable lo que han tenido que tragar Patricia y Ángel para fingir normalidad ante Ana Julia, que Ángel se dejase abrazar, besar por ella cuando ya presagiaba que era la principal sospechosa de la desaparición de su hijo. No conozco un peripecia semejante. El resultado: caso cerrado. En cambio, en España, la prisión permanente revisable tiene tantos nudos como la bufanda que su abuela tejió para Gabriel. ¿Por qué dudamos de que los asesinos cumplan completamente su condena? Dentro de 25 años, según la ley 15, Ana Julia estaría libre. Gabriel, entonces cumpliría 23 años. Pero no lo hará. Sólo quedará el entramado de los nudos de su bufanda enredados entre los partidos políticos y sus ministerios sin resolver. Que el aroma de Gabriel cale en sus tuétanos.

Leer el artículo de Mariló Montero en El Diario de Sevilla.

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