HUÉRFANOS DEL PSOE

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Tan huérfano de socialismo se siente Felipe González como miles de socialistas a los que ya no se les deja ni hablar. Viven desconcertados barruntando cómo salir de la oscuridad. Adriana Lastra delató una de las artimañas que utiliza el equipo de Pedro Sánchez, que es la de no permíteles hablar. Tampoco los quieren escuchar, ni a sus maestros, ni a las voces a las que se deben: los ciudadanos. El pueblo le da la espalda al PSOE, ya nadie quiere escuchar su eterna estrofa de agua, que diría Gerardo Diego. Lo dice el último sondeo de DYM para este periódico donde la proyección está clara: el PSOE pierde escaños y la confianza de sus votantes que se van a la derecha por la gestión de la pandemia y los pactos para conseguir cerrar los Presupuestos. La maquinaria del Gobierno formado por PSOE y Unidas Podemos ha metido la quinta para aprobar las cuentas. Había otra valiente posibilidad que Inés Arrimadas les puso en su mano. Lo que interesa a Sánchez es mantenerse en la presidencia, tener un Falcon para ir a bodas bautizos, Cotos de Doñana y comuniones, y destrozar España a base de las constantes licencias otorgadas a su valedor Pablo Iglesias para hacer tumbar nuestro sistema de libertades y acabar con la democracia. Quiero pensar que a Sánchez se le pasaría por la cabeza aceptar el pacto con Ciudadanos, pero el Gobierno Frankenstein que predijo Rubalcaba, tan rememorado estos días, ya tiene vida propia y la energía suficiente para emprender el camino. Otra cosa es que sepamos que los pedazos de Frankenstein no le darán vida eterna. Pero, mientras muere – que aún estamos en pleno parto-, moriremos cada día mucho más. Escribía esta semana José María Múgica, hijo del socialista Fernando Múgica asesinado por ETA , que los socialistas creyeron a Sánchez cuando dijo: “No pactaré con Bildu”, cuyas palabras honraban al PSOE. Hoy , muchos socialistas dicen amén a las mentiras de Sánchez. Defienden todo lo que miente, firma y pacta con los filoterroristas y con los independentistas. Esos socialistas no saben distinguir entre militar desde su posición por una ideología y defender los principios intocables del Estado. Lo que añade Múgica es que hay que diferenciar entre lo que es legal y lo que es legítimo. Que no todas las ideas, continúa escribiendo, son legítimas: las políticas de odio, de exclusión, de supremacismo son radicalmente ilegítimas y deben ser siempre combatidas. Porque negociar con Bildu es premiar a quien mató.

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