Ganar sin dar ni una patada

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Con tan sólo doce años Kristel ha conseguido romper los pilares de la tierra sin dar una patada. Con ello considero que ya ha triunfado en la vida. Simplemente les dijo a sus padres lo que a ella le gustaba hacer y éstos la ayudaron a conseguirlo. Kristel es preciosa. Es rubia, tiene los ojos azules a juego con el vestido estampado de flores que lleva. Azul es también la mariposa púrpura pintada en su pómulo. Es tan presumida como determinada. Sus padres son un matrimonio inglés que vino a vivir a Barcelona. Los dos hermanos, un varón y ella, pasaban horas dando patadas al balón en el parque cada tarde. Cuando contaba seis años ya vieron las habilidades de la pequeña en el manejo de las botas así que decidieron apuntarla en el equipo mixto del Fútbol Club Barcelona. Yo soy la pequeña de cuatro hermanos varones y recuerdo que me utilizaban de portera para que ellos tres pudieran creerse que eran Cruyff. Pero estar horas interminables en la portería donde me lanzaban todos los balones que cupieran entre unas redes imaginarias me llevaron a todo lo contrario: a que el fútbol no sea una de mis aficiones. Me importaba un bledo que el balón entrara o no. Sólo esperaba que terminara el partido de mil horas para que se cumpliera la promesa que me habían hecho mis hermanos de jugar después a las muñecas. A la mayoría las encontraba mi padre entre los caballones de patatas enterradas en la huerta. A Kristel dar patadas a un balón le gustaba tanto que se convirtió en un prodigio en el colegio. Por algún motivo la familia hubo de trasladarse al norte de Barcelona, así que se vieron obligados a cambiarles las extraescolares. En la nueva escuela Kristel quiso seguir jugando al fútbol. Se realizaron unas pruebas de selección y de los doce elegidos ella quedó entre los dos mejores. A pesar de estos resultados el entrenador les invitó a que Kristel  jugase en el equipo de las chicas. La pequeña se desilusionó ya que el equipo femenino no era precisamente el foco de atención del entrenador, lo que impedía su desarrollo deportivo. El empeño de sus padres alcanzó el deseo de su pequeña. Los británicos tienen superados muchos estereotipos y, hoy, Kristel es la única niña que forma parte del equipo de los chicos en este pueblo al norte de Barcelona. Los chavales no se lo pusieron fácil. Le contaba a su padre que los niños eran tontos porque le preguntaban qué hacía jugando al fútbol con ellos si era una chica. Hoy Kristal es la capitana de su equipo siendo respetada por todos. Lo único que queda por corregir para triunfar son las alabanzas que les prodigan los otros padres: “Qué bien juega tu hija para ser una niña”. Trabajar y realizar lo que más nos gusta no es sólo lo que más felices nos hace, sino también lo más eficiente para la sociedad.

Leer el artículo de Mariló Montero en El Diario de Sevilla.

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