El Corte Inglés les salvó la vida

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Si no hubiera sido por El Corte Inglés no se qué le habría pasado a mi hijo. Claudia me confesaba esto, casi con lágrimas en los ojos, o sin casi ya que la humedad estaba a punto de rebosar por sus ojeras y la pudo controlar ayudada de la contracción de los músculos de su cara donde se firmó la tristeza.

En plena pandemia, durante esos días en los que teníamos prohibido salir a la calle, se teletrabajaba y sólo se nos permitía ir a comprar. Su hijo Mario no pudo acompañar a su joven esposa al hospital donde quedaría ingresada debido a un proceso oncológico. Ella marchó sola al hospital por un agravamiento de su complicada curación. Mario cerró la puerta de casa. Sin soltar la manilla sintió que su cuerpo se derrumbaba contra el suelo. No podía acompañarla. El peso de la pena le bajó su cabeza hasta hundirla en el pecho, cuando las voces de los tres niños le rompieron la imagen que tenía incrustada en la cabeza. ¿Se contagiará en el hospital?¿La volveré a ver con vida? Los niños, ajenos a la dramática escena, lo reclamaban con sus conversaciones cruzadas y agudos tonos suplicantes del quiero. Quiero comer, quiero jugar, quiero ir al baño, quiero salir a la calle… Mario trató de calmarlos haciéndoles la cena. En la cocina ya no quedaba nada para comer. La alacena lo había dado todo durante tantos días sin poder salir para evitar el contagio a su esposa. Nada para cenar, nada para desayunar ni comer al día siguiente. Mala noche.

Con todos los temores Mario tiró con sus tres niños, el mayor con seis años, hacia una tienda donde poder hacer algo de compra. Los echaron del local bajo increpaciones de irresponsabilidad por haberlos sacado. Regresó a casa desolado. Sacó fuerza para llamar a su madre, en otra provincia, y contarle su precaria situación. Ella podría ver más luz en su negro túnel donde ya no veía ni boca de salida ni de entrada.

Silvia hizo la compra en la página del El Corte Inglés, pero tardaría varios días en recibirla. Por teléfono pudo hablar con una empelada a quien le contó su historia. “Mi nuera ha sido ingresada en el hospital por un cáncer galopante. A mi hijo no le quieren vender comida. No tienen nada, nada que comer”. No podemos esperar varios días a que les llegue la compra que acabo de hacer on line. Por favor, ayúdeme”. Se hizo un silencio al otro lado. La empleada, al fin, habló: “No se preocupe señora. Su hijo y sus nietos cenarán esta noche. La compra sale para su casa inmediatamente”. Silvia jamás olvidará que El Corte Inglés salvó la vida a su hijo y sus nietos.

Leer el artículo de Mariló Montero en El Diario de Sevilla.

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