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Viajar en Paloma

Todos los españoles hemos viajado, y viajamos, sin percibirlo, en Paloma. Es un vuelo suave, discreto, fiel y eterno. Desde antes de la puesta en marcha de la televisión en España, Paloma Gómez Borrero ya nos había aupado sobre su noble lomo, desde donde pudimos divisar todas las historias que suceden en el mundo y que la periodista nos viene relatando con una finura hipnótica, por la gracia de su pico delgado y corto con ceras carnosas. Es como aquella Paloma que regresa a su nido, donde alimenta a sus polluelos a base de semillas y frutos de la vida. Paloma, la vida de Paloma, se teje en una sucesión de nidos llenos de historias. Nosotros somos los polluelos que esperan con ansia ser alimentados de su verbo. Cuentos que extrae de los pueblos, países, calles, escaleras, con la delicadeza con que se seleccionan las refinadas ramitas que montan nidos robustos. Tiene una singular y magistral manera de hacer periodismo que magnetiza al espectador. Imanta el timbre de su voz apresurada que nunca tropieza. Camina a paso ligero calzada con unos cómodos zapatos especiales contra la terminal 4. Sus ojos son dos cámaras que filman la vida en porciones. Ha enamorado a papas que detienen su camino para ponerse a sus pies y a salvajes de aldeas de las que solo ella recuerda el nombre. Tiene la estrella que le otorga el don de la ubicuidad, capaz de sorprender a los secretos vaticanos, además de esa magistral habilidad de saber cuándo hay que dale al play y al stop. Su discurso es tan adherente como la miel de un panal dulce y sin empalago. Paloma hace de una escena cotidiana una auténtica leyenda.

Aterrizar en Paloma, pasear con ella, es una suerte de la que muchos gozan, porque es una mujer tan próxima como familiar. Paloma vuela y camina. Es la parte del Vaticano que une al cielo y a la tierra, es la Paloma de la paz. En su brazo entramos todos. Es sorprendente cuánta gente ha visitado el Vaticano gracias a su ayuda. Quien lo haya visitado puede haber utilizado la misma agencia de viajes: la PGB (Paloma Gómez Borrero). Uno de ellos, entre los que tengo el honor de contarme, fue el sin par Luis Sánchez Polack, Tip. Paloma conducía su diminuto coche por Roma, donde las carreteras son bocas de dragón en las que no sería capaz de lidiar ni el mismísimo Fernando Alonso, con Luis y su esposa. El humorista iba dando bandazos de lado a lado en la trasera del vehículo mientras vivía una situación tan surrealista como él mismo en cada adelanto, en cada esquina de la céntrica ciudad. Al llegar a su destino, dijo Tip a su esposa: “He viajado en patinete, en triciclo, en tren, patines, avión y burro. Pero nunca había viajado en Paloma”.

Paloma es una mujer buena. ¿Conocen a alguien que no tenga enemigos? ¿Conocen a alguien del que todo el mundo hable bien? Pues esa es, como Tip, Paloma Gómez Borrero. Una mujer con la que seguiremos viajando en Paloma.

Capítulo extraído del libro El corazón de las mujeres no tiene reglas, de Mariló Montero, publicado en 2014.

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