Buzo

Sin aire

Ha ocurrido justo lo que en el fondo pensábamos pero que verbalmente ni mentábamos. Lo que no queríamos, lo que no creíamos que sucediera. Uno de los buceadores que están tratando de rescatar a los niños y su entrenador de las tripas de una montaña en Tailandia ha muerto. Se ha ahogado justo cuando regresaba tras haber estado con el grupo que permanece atrapado desde el día 23 de junio, a cuatro kilómetros de profundidad en un pasadizo subterráneo del Parque Natural Tham Luang- Khum Nam Nang Non en la provincia de Chiang Rai. Según las crónicas publicadas y los pocos detalles que trascienden , el buceador podría haberles llevado comida, cartas escritas de sus familiares, haber ayudado a conectarles con el exterior para escuchar las voces de sus madres e incluso recibir las primeras clases de buceo. La cuestión es que después de haber estado en la cueva con el grupo atrapado, el buceador Samarn Kunan, de 38 años, un gran experto que fue miembro de los cuerpos de élite de la Marina murió al quedarse sin aire la botella de buceo que llevaba. No puedo más que imaginar tan terrible muerte. Ya es angustioso ahogarse en el fondo del mar mientras ves arrecifes y la vida marina, imagínese lo que debe ser no poder respirar entre unas estrechas cuevas llenas de agua embarrada sin ninguna luz ni visibilidad. El calculo para conocer la ubicación es a través del ordenador de muñeca, y temo, que en esas aguas turbias entre las cavidades de las rocas no permitiría ninguna consulta. Samarn, por su experiencia podría haber hecho el calculo de aire que le quedaba en la botella para poder regresar buceando por las cuevas hasta el exterior. Cualquier matemática falló y puso sobre la mesa la realidad de la extrema complicación que conlleva ésta operación de rescate. Sólo tres días después de localizarlos, tras diez días de una búsqueda titánica, se ha producido la primera muerte. Y no es la de los niños que sin saber nadar están siendo aleccionados para bucear. La otra vía sería perforar verticalmente una salida desde la superficie hasta la cueva donde se encuentra el grupo. Pero los posibles derrumbes lo hacen improbable. Ya ven, las pruebas que nos ha dado la experiencia con la muerte de un experto buceador. Nos falta el aire para poder vivir día a día esta agónica realidad a la que debemos darle la cara y nuestra ayuda, incluso para salvar a estas criaturas cuyas vidas valen lo mismo que las de nuestros hijos. Tan espantosa realidad hace insoportable respirar.

Leer el artículo de Mariló Montero en El Diario de Sevilla.

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