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Si mi madre levantara la cabeza

Lo que mi madre no ha podido vivir me duele a mí. Todas aquellas cuestiones que, cuando yo era una niña, ella me contaba sobre la situación de España han quedado flotando enredadas en mi halo. Sus críticas contra Franco, el golpe de Estado, las violaciones a las mujeres, el sistema educativo, el transporte público, las desigualdades sociales, el papel secundario de la esposa en su sociedad, todos esos temas, cotidianos, tuvieron un recorrido que iba madurando conforme pasaban los años. Para ella era muy importante un asunto que hoy me hiere por lo que a ella la haría sufrir. Siempre que veía a la Reina Sofía, decía: “Qué elegante va siempre la reina”. “Qué sencilla es”. Delataba, así, su admiración hacia la mujer y en consecuencia a  toda la Institución. Era monárquica y yo interpreto que heredé esa lealtad a la Corona por su adhesión. Recibí, sin cuestionármela, aquella versión que negaba que don Juan Carlos tuviera una amante en Mallorca. Mi madre decía que eso era imposible, que era víctima de las habladurías de los malpensados republicanos. Su fe fue la mía. Yo la escuchaba convencida de su versión y la defensa vehemente hacia la Familia. Con su fallecimiento ese tema se estancó a falta de que ella fuera testigo de lo que está ocurriendo desde hace 24 años. Ni ha visto cómo la monarquía empezó a salir más a la calle. Ni que, con ello, los periodistas sin la capa del miedo empezaran a desvelar los errados actos de cada uno de sus miembros. Sabíamos secretos de alcoba nacionales e internacionales. Mi madre no ha podido ver la abdicación, ni el rifirrafe. Y no sé cómo hubiera reaccionado ante esos desatinos, pero si estoy segura del gran disgusto y bochorno que habría padecido. Me hubiera gustado escuchar su criterio sobre si el rey emérito debería sentarse en el banquillo porque su amiga Corinna ha rebelado que tiene propiedades en paraísos fiscales. Nos hicieron creer que los reyes eran diferentes, hasta a veces, sobrehumanos. Que no les afectaban ni enfermedades ni criticas y que por ello debíamos reverenciarlos rindiéndoles pleitesía. Pero todo disimulo cortesano tiene un límite. La historia está escrita por reyes caídos por sus propios abusos de poder, por aquellos que amasaban riquezas creyéndose dioses matando de hambre a su pueblo. Soy testigo del tiempo que no pudo vivir mi madre. Con el foco encendido hace que ya no creamos en los reyes del pasado. De aquellos oscuros barros donde el pueblo vivía enfangado y del que radicaban los oros de la Corona.

Leer el artículo de Mariló Montero en El Diario de Sevilla.

Las columnas de Mariló Montero se publican en todas las cabeceras del Grupo JOLY:
El Diario de Sevilla, El Diario de Jerez, El Diario de Cádiz, El Día de Córdoba,
Huelva Información, Granada Hoy, Málaga Hoy, Diario de Almería y Europa Sur.

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