Fatani 3

Por fin hablan ellas

Están juntas, aunque vivan en países e incluso diferentes continentes. A todas ellas les unía la violencia, la explotación sexual, la desigualdad en el trabajo o que no podían tomar decisiones fuera de sus casas. Algunas ni dentro. Poner fin a la discriminación es, sin lugar a dudas, un derecho humano fundamental que además tiene un efecto multiplicador en todas las demás áreas del desarrollo. Bien es sabido que la pobreza es más fácil erradicarla si confiamos en las manos de las mujeres. Mire lo que dijo en su día Anowara, desde Bangladesh: ” Cuando miro al río Dudhkumar (el Río de la Leche que baña su aldea natal), toda esa agua me parecen lágrimas. El programa me ha ayudado a escapar de mi frustración y construir una vida digna para mi hija y para mí. Anowara, quien terminó malviviendo de la caridad, está empeñada en el mantenimiento de obras públicas locales en Dhaka. Tiene una cuenta en el banco donde va ahorrando. Compró ganado y se construyó un hogar donde viven ella y su hija. Kedija Wako, de Etiopía, vive en las zonas más pobres, en Oromia y Afar. A las mujeres, allí no les dejan ser propietarias de las tierras a pesar de que el 75% de la mano de obra es femenina. Las cosas han cambiado, por fortuna. Dice Kedija que ” gracias al crédito y la formación del programa del fondo ODS, he comprado ganado de raza y lo engordé para vender. A través de la venta de cabras he conseguido ingresos para enviar a mis hijos a la escuela”. Unas 2.600 mujeres ya han creado cooperativas y se han expandido los negocios agropecuarios de mujeres aumentando la producción rural, las asociaciones, cooperativas y sindicatos. Como en Palestina, donde Fatin Anani trabajó para capacitar a las pymes y cooperativas. “Antes, cada una de nosotras tenía su negocio separado. Hoy, hemos establecido una asociación de mujeres que nos hace más poderosas. Tomamos decisiones para nosotras mismas y nuestros productos. La asociación empresarial es un forma de libertad”. De Djiblo Beatrice les hable hace dos semanas porque pudo acceder a la justicia tras el divorcio de su marido. Consiguió repartir las propiedades con justicia. Djiblo se siente liberada, independiente y gestiona su propio negocio, donde da empleo a otras mujeres de su comunidad en Costa de Marfil.

Gracias a las personas que han dado seguridad y educación a miles de ultrapobres, así son las historias reales de estas mujeres que, por fin, hablan ellas.

Leer el artículo de Mariló Montero en El Diario de Sevilla.

Las columnas de Mariló Montero se publican en todas las cabeceras del Grupo JOLY:
El Diario de Sevilla, El Diario de Jerez, El Diario de Cádiz, El Día de Córdoba,
Huelva Información, Granada Hoy, Málaga Hoy, Diario de Almería y Europa Sur.

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