Mantarraya

Pecas

Cuando buceas, los sonidos del fondo del mar en nada se parecen al alboroto que resuella en la superficie. Esto contribuye a que me sienta más feliz bajo el agua que fuera de ella. Inmersa en la profundidad del océano tu respiración emanada desde tu boca cursa a través del regulador, cuyas mangueras de presión comunican hacia la botella de aire que adquiere la función de tus pulmones. Dejándote llevar por esa seguridad indispensable tu dedicación se entrega al gozo formidable de entrar en un misterioso mundo aún desconocido. Azul, fondos marinos, especies innumerables, tesoros, arrecifes llenos de seres vivos tan fascinantes como ocultos en los que se llega a inspirar el cine, la moda y menor medida la ciencia. Quizá, por tan magno desconocimiento nos fascine la historia de Freckles, Pecas, la mantarraya que pidió ayuda para que un guía le quitara los anzuelos que llevaba clavados bajo uno de sus ojos. ¿Pudo reconocer, ella, al guía Jake que bucea habitualmente en el arrecife australiano de Ningloo? ¿A caso una mantarraya es capaz de pedir auxilio a un ser humano? ¿Es capaz de identificarlo? Son deudas que tenemos sobre quienes conviven con nosotros dentro del mar y a los que nos se les dedica el tiempo necesario. Jake practicaba snorkel junto a su equipo y el fotógrafo Monthy Halls cuando se disponían a observar la agradable vida marina del arrecife. Una gigantesca mantarraya se desplegó ante Jake hasta que éste supo interpretar que venía buscando algo de él: de ningún otro hombre del grupo. Éste vio que tenía varios anzuelos clavados bajo su ojo derecho y buscó unos alicates en el barco. Durante más de media hora, Jake, que debía sumergirse en apnea, se zambulló y salió varias veces para respirar hasta que pudo liberar al animal de los arpones. Halls aseguró fascinado, que Pecas, regresaba una y otra vez, se volcaba y se detenía en el agua esperando a que le ayudaran. Si Pecas lo buscó sería porque le provocaban dolor y se vio liberada tras poder desprenderse de las trampas, y agradecida ya que al final se quedó con ellos, unos minutos, acomodada en el fondo. Es lo más fascinante que han visto en sus vidas: una ilustración clara, la definen, de que estos animales tienen inteligencia, confianza, y una fuerte asociación con personas que los tratan con respeto. Envuelta por el abrigo del sonido de las burbujas bajo el mar, el sonido se redobla, como se multiplican las vivencias, allí abajo, y se agranda la realidad de una fascinante vida aún por descubrir.

Leer el artículo de Mariló Montero en El Diario de Sevilla.

Las columnas de Mariló Montero se publican en todas las cabeceras del Grupo JOLY:
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