Quinoa

Las mamachas

Leyendo, mi imaginación ha ascendido a una altitud entre el soroche y la hipoxia. Al inicio iban discurriendo mis ojos por el ‘enletrado’ negro y blanco de una torre de palabras sobre un artículo de papel y mi imaginación se ha elevado hasta el altiplano peruano. Mi mente me sitúa frente a imponentes montañas, una fantástica orografía formada por los antojos de los siglos, los  persistentes vientos, un clima extremo de sol y nieves, cuyas temperaturas oscilan en un mismo día de 30 grados a 15 bajo cero. La imaginación es un dron que nos asoma a este espacio para tribus supervivientes y un puñado de campesinos. Es el altiplano peruano, donde esa honda belleza, por contra, ofrece uno de los suelos más pobres del mundo. En medio de su inmensidad, en la provincia puneña, diviso el sorprendente protagonismo de  un grupo de “mamachas”, cuyos maridos cultivan principalmente papas amargas y cebada. Los llamativos colores de sus  vestidos me  atraen y admiro sus monteras. Me pregunto por el significado de la colocación de sus almillas, mantas, polleras u ojotas. Es importante fijarse en su vestuario, pues con él lanzan el mensaje de su condición de casadas o solteras; al grupo al que me refiero se lo conoce como el de las ‘UNICAS’ (Unión de crédito y ahorro). Su singularidad emana desde el interior de sus almas hasta la piel. Tienen tantos surcos, meandros y cráteres sus pieles como la propia tierra reflejada en sus caras. Esta comunidad es una de las  pobres de  mundo; y donde no han llegado los bancos para prestarles dinero y montar su negocio lo ha hecho el Fondo para el Desarrollo Sostenible, de la ONU, que les ha enseñado a crear sus microempresas. Lo primero era sentirse unidas, profundamente fuertes ante los maridos que les prohibieron que se “capacitaran” para recoger su principal fuente de alimentación y negocio. Han luchado y diez mujeres lo han logrado. Viven de la quinua chenopodium o quinoa, como llega popularizada a nuestro mercado. Las mamachas reciben una ayuda. Compran productos para evitar plagas, hacen la recogida y exportan un cereal que se cultiva en Puno y Ayacucho. Ya ganan sus primeros soles, que prestan a otra “mamacha” al 3% y que ésta devuelve en un año. Esta especie de banco de crédito ya acumula hasta dieciséis mil soles (unos cinco mil euros) para seguir invirtiendo en sus cultivos, y así van saliendo adelante. Tengo quinoa en mi despensa y en forma de semilla, copo o hasta estofado. La NASA la ve como alimento para viajes al espacio; tiene  propiedades que potencian el desarrollo del cerebro, el crecimiento en la infancia, y es un alimento apto para celiacos. Es una semilla tan valiosa como el mismo sol. Es un pequeño sol que alumbra el fin de la pobreza.

Leer el artículo de Mariló Montero en El Diario de Sevilla.

Las columnas de Mariló Montero se publican en todas las cabeceras del Grupo JOLY:
El Diario de Sevilla, El Diario de Jerez, El Diario de Cádiz, El Día de Córdoba,
Huelva Información, Granada Hoy, Málaga Hoy, Diario de Almería y Europa Sur.

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