Voto

La locura de gobernar

Me viene la memoria aquella frase que se popularizó y que aún tendría que confirmar si fue real o no. Decían que se la habría dicho José Luis Rodríguez Zapatero a su esposa, Sonsoles Espinosa, supongo que entre las cuatro paredes de su hogar, recién llegados a su entonces nuevo hogar, en la Moncloa. Si trascendió es que habría testigos como para poder reproducirlas más allá de la deslealtad y la intimidad. Dictaba así: «Sonsoles, cualquiera puede ser presidente». Es fácil desprender de esta sentencia que él jamás habría imaginado llegar a presidir España y que, por las circunstancias de un, entonces, PSOE, desvencijado, le llevaron a ser el candidato de partido y posteriormente líder del país. Pasó a la historia como el peor presidente, a lo que añadiré, excelente persona. Hoy de Pedro Sánchez se dice lo contrario sobre la ultima referencia. Pero que ha llegado a hacer bueno a Zapatero por tener a nuestro país mangas por hombro. No es un hombre de Estado, cuya calificación se les ha podido otorgar a pocos políticos. ¿Dónde estamos? ¿A dónde vamos? Animar a que la democracia sea un ejercicio de vital relevancia para toda una sociedad hizo que los ciudadanos nos animáramos a que pudiéramos votar según nuestras ideologías y sencillos pensamientos. Basados en el deseo de que, cada cual, impulsara con su voto, a una política que defendiera sus principales necesidades. La proliferación de partidos políticos, de grupos que cualquiera puede crear, nos llevan a tener en nuestra oferta electoral miles de opciones: desde el PSOE, PP a los partidos más raros como Muerte al sistema (+MAS+), o el partido Republicano Independiente Solitario Andaluz (RISA). Según el BOE en las últimas elecciones generales se presentaron algo más de 1.200 partidos en España. Por ello, como se ve, cualquiera puede formar un partido político. Esto contribuye a la diseminación de los votos cuyo objetivo desvía al principal ¿Quién quiere que gobierne? ¿Para qué se vota? Se vota para dar nuestra opinión, pero se vota para conseguir elevar a una persona que se pueda convertir en presidente o presidenta. Por la incapacidad demostrada de los actuales líderes para formar un gobierno habría que obligar a los candidatos a saber pactar. Convirtiéndose en pasado el bipartidismo sin visos de regresar, la ética y la moral deben prevalecer en los ganadores de las próximas elecciones y aprender de los ciudadanos que seguiremos votando con libertad democrática. Vamos a la misma situación. Renueven sus políticas.

Leer el artículo de Mariló Montero en El Diario de Sevilla.

Las columnas de Mariló Montero se publican en todas las cabeceras del Grupo JOLY:
El Diario de Sevilla, El Diario de Jerez, El Diario de Cádiz, El Día de Córdoba,
Huelva Información, Granada Hoy, Málaga Hoy, Diario de Almería y Europa Sur.

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