Selfie

La generación de los idiotas

La estremecedora escena se produce en un aeropuerto. Una joven señora, afinaría mejor si dijera que parece una chica de unos treinta años, permanece sentada en uno de los asientos donde espera la llamada de su avión. Por su actitud se proyecta tranquila, algo aburrida incluso, porque su cuerpo está medio caído. Tiene las piernas y los brazos cruzados. A su lado permanece una troly y otra bolsa negra con un fular que ha tirado sobre ellas. Delata que lleva tiempo de espera. O, no. En su mano derecha sostiene su teléfono móvil que la tiene absolutamente abstraída en ese mundo de conversaciones mudas. Estará leyendo mensajes, viendo vídeos o todo lo que puede ofrecer este ordenador portátil que es calificado como uno de los mejores inventos del siglo XX, internet, y preocupantes adicciones que ya tienen nombre. El síndrome de la llamada imaginaria, Nomofobia, Cibermareo, Depresión del Facebook, Dependencia de Internet, Dependencia de videojuegos en línea, Cibercondira, Efecto Google, Whatsappitis, Selfitis, Phubbing, Editiovultafobia, Vibranxiety, Selfiefobia, Retterofobia, Telenofobia y otras más que ocuparían demasiado este espacio. Todas generan diferentes trastornos psicológicos y físicos. La más grave: la mala educación. La madre va vestida con la prisa de no haber dedicado tiempo para arreglarse: una desgastada y floja camiseta de color rosa, unos pantalones holgados blancos, y calza zapatillas de deporte turquesas y blancas. Frente a ellas, a las zapatillas, o sea a sus pies, en el suelo, está tumbado un bebé recién nacido. No más de tres meses. Su hijo. Ella debió recorrer el aeropuerto con la maleta y su criatura hasta que llegó a su zona de embarque. Y debió pensar que dejar tumbado en el suelo a su bebé, sobre una gasa blanca, era la mejor opción para su descanso ¿El descanso de la madre o el del bebé? Es sin duda una escalofriante escena el hecho de que se priorice la atención a un móvil antes que acurrucar a tu bebé en tu regazo. Podríamos deducir que ella encuentra más inmensidad en su teléfono móvil que atendiendo a su pequeño. A su izquierda hay sentada otra joven que por su mirada, dirigida al pequeño casi tirado al suelo, podría asegurar que está más vigilante que la madre pero, también, espantada por la escena. A pie de fotografía que he recibido por Whatsapp viene una frase de Albert Einstein que dice así, “Temo el día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad. El mundo solo tendrá una generación de idiotas”.

Leer el artículo de Mariló Montero en El Diario de Sevilla.

Las columnas de Mariló Montero se publican en todas las cabeceras del Grupo JOLY:
El Diario de Sevilla, El Diario de Jerez, El Diario de Cádiz, El Día de Córdoba,
Huelva Información, Granada Hoy, Málaga Hoy, Diario de Almería y Europa Sur.

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