Atención al cliente

Desatención al cliente

Buenas tardes señorita: hace una hora que les estoy llamando para que me atiendan. He conectado con la centralita de su tienda. Siguiendo sus indicaciones, de “pulse 1, pulse 2, pulse 3 o pulse 4…”, he elegido el número que más se aproxima a mis requerimientos. He esperado durante seis minutos mientras escuchaba una música cansina. Se ha cortado la llamada sin justificación. He vuelto a marcar otro número que he tenido que buscar por internet, donde decía “Atención al Cliente”. Otra vez, un ordenador me ha invitado a pulsar un número de la oferta que me proponía la voz de su sistema mecánico. Tres minutos después, la señorita que me ha atendido desde la centralita me ha explicado que en ese número no me podían resolver mi duda puesto que era la centralita destinada sólo a casos originados desde la web. Me ha dado dos números de la otra centralita de presunta atención al cliente terrestre. A las 16:25 llevaba esperando al teléfono 19 minutos. Harta, he colgado. Vuelvo a marcar otro número que he encontrado en la web, de otro centro comercial distinto. Me han tenido 9 minutos a la espera. He colgado. He vuelto a marcar el número de la misma centralita. He pulsado el número 4 y me han ofrecido mantenerme a la espera o pasar mi llamada al departamento de hogar. Allí mi teléfono ha sonado durante 19 minutos. Yo, imaginaba que en el departamento de hogar estaría sonando el ring-ring de un teléfono realmente molesto para los empleados que por allí estuvieran. Nadie respondió en esos veinte minutos. Colgué. Volví a llamar a la centralita. A los dos minutos me contestó otra voz femenina, a la que le dije con absoluta serenidad: Buenas tardes. Llevo 49 minutos tratando que me resuelvan mi caso. He hecho seis llamadas. Nadie me ha resuelto el problema porque casi todo son ordenadores que te derivan y derivan hasta un infinito vacuo. O me resuelve usted el caso o denuncio a El Corte Inglés”. Se hace el silencio al otro lado de la línea. Me transfiere de inmediato. Me responde la voz alegre de un hombre. Le digo que llevo dos meses esperando una persiana. Me pide 5 minutos para volver a llamarme. “¿De verdad me va a llamar usted en 5 minutos?”, le cuestiono. “Sí, le doy mi palabra”. A los 4:32 me llama una muchacha: “Mañana a las 09:20 irán a instalare su persiana”. Le pregunto: ¿Qué casualidad. Ahora, me resuelven el problema? Si, señora, acaba de llegar esta tarde y mañana la irán a buscar al almacén. En total, 54 minutos de llamadas desesperantes a un sistema computarizado para desatender al cliente.

Leer el artículo de Mariló Montero en El Diario de Sevilla.

Las columnas de Mariló Montero se publican en todas las cabeceras del Grupo JOLY:
El Diario de Sevilla, El Diario de Jerez, El Diario de Cádiz, El Día de Córdoba,
Huelva Información, Granada Hoy, Málaga Hoy, Diario de Almería y Europa Sur.

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