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Delantales colgados

Estaba tomando un vinito en mi cafetería habitual cuando le pregunté a Agripina, de unos cincuenta y tantos y cansada de trabajar seis días a la semana, nueve horas al día por un sueldo mínimo, si iba a hacer huelga el próximo 8 de marzo. ¿Huelga? ¿Qué huelga? Me contesta sorprendida . Le explico la convocatoria del jueves y me responde que ella no puede dejar de trabajar ningún día porque si no se le cae el pelo. Charo, que está en la misma situación, es la que premia a mi perrito Whisky con pedacitos de jamón york y me dice que ella sí querría, pero lo comenta con escepticismo. Diana es mucho más joven y ni se le pasa por la cabeza. José, el único hombre que atiende en la cafetería, asegura entre risas que si ellas no van a trabajar él tampoco para no cargar solo con todo el negocio. Introduje en la conversación a dos señoras octogenarias, vestidas con abrigo de visón, y ninguna quería problemas. Asociaban una huelga a grandes disturbios y líos, por lo que ni sabían de qué va la huelga ni creen que sea necesaria. En mi espíritu de saber qué opina la gente sobre algunos temas de actualidad les pregunté por este hecho histórico al ser la primera oficial convocada por y para mujeres. Éste año nos sumamos a otros 176 países que sí han pasado por esta experiencia de reivindicación por la igualdad y el respeto total hacia el sexo femenino. Ahondando en la cuestión iban respondiendo a mis preguntas resolviendo las cuestiones en que ya se había logrado la igualdad. Como no estaba yo conforme con su criterio les ofrecí datos que estamos manejando sobre desigualdades. Estaba la dueña del negocio, Mayte, con quien iniciamos un interesante debate: entre sus propuestas, además de permitir que quien quiera se acoja a la huelga total, o parcial, está la de cambiar la palabra feminismo por la de igualdad. El feminismo, coinciden todas, arrastra un significado antiguo , a veces ofensivo, asociado a un perfil de mujer con una ideología y físico concreto lejos de la realidad. Una huelga de mujeres suena a problema ya que, en efecto, como dice uno de los lemas, el mundo se para sin el trabajo de las mujeres. Espero que la huelga sea un éxito pero me temo que el paro no podrá ser general, porque no todas las mujeres pueden o se atreven a detenerse por responsabilidad. Si no cuidan a los niños, a los enfermos, si no van a la compra ni hacen la comida no es una lucha, es un problema grave en sus hogares y trabajos. Veremos cuántas mujeres paran y cuántos delantales se cuelgan de los balcones.

Leer el artículo de Mariló Montero en El Diario de Sevilla.

Las columnas de Mariló Montero se publican en todas las cabeceras del Grupo JOLY:
El Diario de Sevilla, El Diario de Jerez, El Diario de Cádiz, El Día de Córdoba,
Huelva Información, Granada Hoy, Málaga Hoy, Diario de Almería y Europa Sur.

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